El golpeteo del granizo sobre el alféizar. El pelo chorreante de lluvia. La nieve adormeciendo las yemas de los dedos. El sol acariciando cálidamente la piel. Sentirte frágil al rugido del viento.

El perfume del azahar, el olor a pan recién hecho. La música atronando los oídos. Sentirte fuerte, poderosa. Orgullo. Satisfacción. Reírte hasta las lágrimas. Llorar de rabia, de dolor, de ternura. Una caricia dulce. Respirar muy hondo. Gritar con todas tus fuerzas. Correr hasta que te revienten los pulmones. El amanecer, el sol poniéndose sobre el mar. La risa de un niño. El tic-tac de un reloj cuando esperas. Hacer tonterías. Una sonrisa en la que se lee la absolución. Olor a agua salada, a verano. Chocolate caliente. Sabiduría. Sentirte protegida. Fruta fresca. Nostalgia. Luces de neón. La alarma a las ocho menos cuarto. Helado. Soplar las velas de una tarta. Añorar tu casa cuando estás lejos. Descubrir lugares nuevos. Inocencia. El despegue de un avión. Encontrar lo que buscas. Tropezar y caer. Un plan sin éxito. Echar de menos. Rutinas. Aparentar. Esos pantalones que te sientan genial. Un escalofrío de emoción. McDonald’s. Perder la noción del tiempo. Sentir el riesgo. Bailar sin pudor. Ser ingenua. Un beso. Cantar a grito pelado. El calor de una mano en la tuya. Saborear una victoria. Londres. No encontrar las palabras adecuadas. Una foto emotiva. Dar lo mejor de ti misma. Sentirte pequeña. El suelo alfombrado de hojas secas. Adrenalina. Una derrota. Admiración. Disgustarte por una nimiedad. Competir. La luna llena sobre el cielo estrellado.
Romper la monotonía. Comprender. Observar. Autosuperarte. Querer. Arriesgar. Vivir.
Y todo sigue igual. Ves como pasa el tiempo, lenta, muy lenta, pero inexorablemente. Cada segundo que pasa se demora, se eterniza. Pero se va. Y ya no vuelve.

Es entonces cuando te das cuenta de que los días se te escapan poco a poco. Y de que ahora ya no es tan fácil llenarlos como antes, porque hay algo que falta. Porque ya ha llegado la hora de cambiar las cosas, necesitas cambiarlas. Y porque lo que antes sobraba ahora ya no basta. Porque sigues intentando echar tierra sobre ese vacío que eres incapaz de llenar con lo que tienes.
Y ya estás cansada. Cansada de suponer que eso que echas de menos va a volver. O que algo va a ocupar su lugar. De estar continuamente esperando a que lo que quieres aparezca delante de ti tal y como lo pediste. De ser ingenua, tonta. Porque llegaste a creer que realmente se podían conseguir cosas sólo con quererlas de verdad.
Así que ya no quieres esperar más. Quieres tirarte al vagón del primer tren que pase sin importar el destino, y escapar. Quieres jugártelo todo a una carta, aunque no ganes. Quieres dejar de ser la marioneta del tiempo. Quieres, necesitas hacer algo distinto a "lo de siempre", buscar algo nuevo. Lugares nuevos, gente nueva, ambientes distintos. Quieres cambiar. Reinventarte. Renovarte. Transformarte. Evolucionar. Llámalo equis.
Pero si lo intentas, puede que descubras que, a veces, consigues lo que necesitas.
...
Aspiras a demasiado. Si escoges eso te cierras las demás puertas. Si en algún momento te arrepientes, deja que el compromiso te anime a seguir, y quizás luego descubras que escogiste lo correcto. Si no sabes que hacer, elige lo que mejor se te dé y ya te decidirás más tarde. Te pegan las tres. Llevo toda mi vida viéndote leer y escribir. No eches a perder esa cabecita tuya. De eso no se come, Eva.
Una lluvia de ideas que se ahoga en un mar de dudas.
¿Nunca os ha pasado? Una decisión tan clara en la mente que se obvia. Y, cuando llega el momento de tomarla, te asaltan las dudas y arrasan con todo lo que llegaste a construir con pensamientos. Curioso lo escaso que puede llegar a ser el peso de una decisión ante la inseguridad.
No sabes qué hacer. Lo único que tienes claro es que no quieres equivocarte. Piensas, piensas, piensas. Dudas, dudas, dudas. Y, mientras tanto, sientes que el tiempo, aún infinito, te guía lenta e inexorablemente a tomar una decisión poco clara. Una que puede ser equivocada.
Y al final todo lleva a lo mismo. Piénsalo bien. Muy fácil de decir, desde luego. ¿Y bien? ¿Cómo? Evito por todos los medios cerrar cualquier puerta que en el futuro pueda querer cruzar. Y me siento parada. En espera. Porque no cambia nada, ningún factor que pueda arrojar siquiera un poco de luz sobre este mar de dudas. Ahogándome en él, comiéndome la cabeza mientras veo llegar el futuro que tanto me presiona. Y pensando en lo estúpida que soy por pensar, por pensar tanto. Siempre he sido impulsiva, ¿y por qué para esto no? ¿Responsabilidad?
Estúpidas dudas.
Es increíble pensar que ya se acaba el año. No llegas a asumir que ha empezado, y ya se termina, demasiado deprisa.
Para mí ha sido un año difícil. Plagado de éxitos y victorias, pero también de fracasos y derrotas. De alegrías y tristezas. Errores y aciertos, enseñanzas al fin y al cabo.
Me sería imposible, haciendo un balance, etiquetarlo como bueno o malo. Digamos que, en ese sentido, ha sido equilibrado. 365 días de cambios, unos para bien y otros para mal. Un 'para siempre' convertido en un 'hasta nunca' que se llevó consigo una rutina. Distancias, en una mano, y acercamientos, en la otra. Nuevas amistades. Cambios radicales de opinión, y quizás también de personalidad. Lecciones que hacen la experiencia, patadas que convierten a uno en perro viejo, pero sabio. Han cambiado tantas cosas que a veces incluso me da la impresión de que podría borrar los años anteriores de un plumazo sin darme cuenta, de que el pasado se me escapa. Creo que ahora entiendo eso de que el presente es lo único que tenemos de verdad. Y no me gusta. No quiero olvidar, supongo que el pasado es lo que nos forma como personas.
Pero también están las cosas que no cambian. Las personas que te acompañan en lo bueno y en lo malo, que te apoyan incondicionalmente y que te hacen sentir querida. Hay muy pocas personas como esas en este mundo, desgraciadamente. Pero haberlas las hay, y creo conocer a varias. Que aunque alguna vez se haga alguna broma de mal gusto, o alguna tontería se tome a mal, en el fondo ellos siempre están ahí. Y se lo agradezco, porque sin ellos nada merecería la pena.
Espero que este año las cosas mejoren. Que el 31 de diciembre de 2009 pueda decir, sin dudarlo, que ha sido un buen año.
Hoy recibí una alerta en el móvil.
Y me inundaron los recuerdos, nítidos, perfectos, imborrables.
Como si apenas hubiese pasado una semana.
Aquel era su día, un día especial. Pero no sólo para ella, sino también para ellos. Sus amigos. Su confianza, su cariño, su apoyo. Su todo.
Se palpaba una cierta tensión. El intento, incansable, de que todo saliese bien. Y no fue vano: todo fue perfecto. Ellos sabían que trece años no se cumplen todos los días, y no la decepcionaron.
Ella, a pesar de que creía haber descubierto su plan, se llevó una gran sorpresa. En el último regalo, el mejor, en el que habían puesto todo su esfuerzo. Recuerdos plasmados en imágenes y agradecimiento, apoyo y cariño incondicionales en palabras firmadas: El 13's Book.
Fue uno de los mejores días de su vida, y, sin duda, también de las de los demás.
Durante unos meses, la armonía prevaleció, a la cola de otros siete años.

Pero entonces vinieron los problemas. Ellos se sintieron traicionados y decepcionados, y actuaron a la defensiva. Ella no pudo controlar la situación.
Se rompieron los lazos; gruesas cuerdas que, a la vista de lo ocurrido, no tenían buenos nudos.
¿Las palabras de agradecimiento, apoyo y cariño incondicional? Se las llevó el viento.
Y ella, sencillamente, se fue. Todos fueron cínicos, y el trato paso a ser frío o nulo, según con quién. Siete u ocho años de amistad lanzados al olvido.
Fue como quitarle un color al arco iris.
Y ellos no fueron capaces de mantenerse unidos; sus lazos se debilitaron hasta convetirse en insignificantes hilos.
¿Mereció la pena? Permitidme ponerlo en duda. No actuamos como amigos, no fuimos tolerantes. Dejamos que el error pisara todos los aciertos.
Pero, aún así, siempre, siempre queda algo. Una punzada de dolor, un resto de cariño, un poco de añoranza y arrepentimiento. Pero queda.
- Acabo de descubrir algo que no me esperaba. Estoy confiando en ti. Después de todo lo que nos ha pasado.
- Ya te lo dije, Eva. Eso no se va.
Probablemente esto sea lo único que haya del 14's Book. Las cosas han cambiado.
¿Mi regalo? No tengo regalo para ti. Sólo mi punzada de dolor, mi resto de cariño y mi poco de añoranza.
Hoy recibí una alerta en el móvil, pero estoy plenamente segura de que, de todas formas, no se me habría olvidado.
Felicidades, Deva.
Los que hayáis compartido conmigo esta inolvidable experiencia, reconoceréis estas líneas. A los que no, no merece la pena explicarlo, pues se entiende bien, supongo, aunque no se conozcan las bases.
En cualquier caso, quisiera compartir esto con vosotros.
Queridos papá y mamá:
Quisiera contaros en esta carta la gran aventura que he vivido. Cansada de la rutina, decidí tomarme una larga temporada sabática, que aproveché para hacer lo que siempre he deseado. Ha sido, indudablemente, la mejor experiencia de mi vida, pues he disfrutado de todo lo que he querido, sin que ni siquiera las mismas leyes físicas me inmovilizasen las alas.
He sido el majestuoso halcón volando bajo el sol del ocaso; la astuta leona corriendo a través de la estepa. He sido árbol, acunada en los brazos del viento, y le he hecho la competencia a la noche. He sido mar, luna y estrellas, arena, río y tierra.
He visitado los lugares que siempre he querido ver: Venecia, Egipto, París, California... incluso la misma Luna. He tenido tiempo de verlo todo, de saberlo y conocerlo todo.

Durante mis viajes, he sido forastera, guerrera, bandida, noble y campesina, rica y pobre... de todo lo que ha ido surgiendo en cada momento, en cada lugar. Pero lo mejor es que en todo momento, en todo lugar, siempre, he sido libre, he sido yo. Me he guiado por mis propios ideales consiguiendo ser por fin la dueña de mí misma.
Por supuesto, y aunque parte de este viaje lo he afrontado sola, he disfrutado de mucho tiempo con mis amigos, mi familia (incluyendoos, por supuesto, a vosotros) y todas las personas a las que quiero incondicionalmente. Ha sido increíble, porque he sido capaz de cosas que jamás me habría atrevido a hacer en cualquier otra circunstancia, me he lanzado al peligro sin preocuparme por las consecuencias de mis actos, y todo ha salido bien. He demostrado, de verdad, mi cariño y afecto a aquellos que más lo merecen. Y lo mejor es que he recibido el mismo en respuesta, lo que me ha demostrado que nunca caminaré sola.
He retrocedido en el tiempo y enmendado la mayoría de mis errores, incluso aquellos que ya habían sido olvidados, superando y dejando atrás con ello todos y cada uno de mis miedos y temores anteriores, limpiando mi conciencia de todo posible arrepentimiento.
He vivido en diferentes épocas de mi vida, llegando con ello a la conclusión de que la mejor es la presente, pues por ahora es lo único que tengo.
Conviviendo con mi interior, he desentarrado sentimientos de lo más hondo de mí misma, aquellos que no echaba de menos sencillamente porque me eran desconocidos.
Lo más duro de todo esto ha sido descubrir todo el camino que me falta hasta la verdad, hasta la libertad, hasta la felicidad. Y, sin embargo, en esto radica parte de su encanto, de la alegría de vivir. Es donde está "el juego que no es la vida". Si todo fuesen satisfacciones, no tendría nada por lo que luchar, porque lo bueno sería rutina.
Con sus más y menos, mi viaje me ha enseñado a luchar por los ideales y a no rendirme jamás, a confiar ciegamente en las personas que, de un modo u otro, caminan a mi lado. A no dejarme llevar por el tiempo y tomar las riendas de mí misma. A volverme segura.
No lo olvidaré nunca.
Os quiere.
Eva
(La foto la hice yo, es un plano de mi habitación en Celorio.)
Constantemente me pregunto por qué. Por qué tuvo que ser así. La gente que me conozca, o que sepa lo que he dicho y hecho dirá: esta tía es tonta perdida. Y lo entiendo.
Creía saber tantas cosas que ya no sé nada, y quise tantas cosas que ya no sé lo que quiero.
Estuve convencida de que lo que estaba haciendo era lo correcto hasta el final. Pero, ¿realmente lo era? Ahora miro atrás y me pregunto cómo puedo terminar todo de esta manera. Cómo pudo pasarnos esto. Cómo puede ser que la persona que fue para mí más importante casi ni me mire a la cara. Es algo inconcebible para mí.

Porque, en el fondo, una parte inconsciente de mí daba por hecho que todo se iba a arreglar, pasase lo que pasase.
Quise estar segura de muchas cosas. Me convencí a mí misma de que no podía seguir así, de que había colmado el vaso de golpe. Que su error había sido imperdonable, y que no se merecía nada. Que, al final, podía pasar sin ella. Porque sólo sentía rabia.
Ahora sé de verdad que puedo decir sinceramente Me equivoqué, aunque suene cínico, estúpido y arrastrado. ¿Por qué? Porque no estoy satisfecha. Porque las cosas no son como yo (inconscientemente) quería y esperaba. Porque ahora siento que me falta algo. Porque pensar que no volverá a ser como antes me parece una locura.
La cabeza me dice "déjalo estar, te va bien así", y el alma me dice "vamos, no la dejes escapar". Siempre creí que es el alma lo que guía las buenas acciones. Pero no tengo valor, me siento impotente.
Ahora mismo sólo tengo una cosa clara:
Mi pedestal te echa de menos.
PD: Ya sé que llevo mucho sin escribir nada, pero la inspiración no aparecía y no me gustaba lo que escribía.